NO AL MARFIL
La caza furtiva de elefantes está diezmando sus poblaciones en toda África.
Cazadores y comerciantes, explotadores y explotados, se conjugan para hacer de la muerte de familias enteras de elefantes su negocio con las regiones "civilizadas" del planeta. EE.UU. y Europa son grandes compradores de marfil, porque aún cultivan el arte del tallado de piezas de colección en colmillos de elefantes.
Como si no lo supieran, los elefantes tiene sólo dos colmillos, no veinte, por lo tanto cada par de colmillos es un elefante muerto.
Las matanzas implican bebés de elefantes huérfanos que viven y experimentan la muerte de sus madres; los elefantes tienen muy buena memoria y también la capacidad de llorar; poseen un extraño culto a la muerte, por lo tanto cementerios donde sólo se encuentran restos óseos de elefantes y de ningún animal más. Cuando sienten que les ha llegado la vejez, y que les es imposible seguir viviendo, se retiran a esos sitios para el descanso final.
Pero ahora, el descanso final, sin edad suficiente, pues cazan elefantes de tan sólo 30 o 40 años, jóvenes, llega antes a través del capitalismo voraz, al que poco le importa la muerte, sea de un elefante, tigre, puma o ser humano y sí le importa la ostentación por sí misma de alguna pieza labrada en marfil.
Esta figura de un Cristo en marfil, crucificado, del mismo modo como se ha crucificado al elefante asesinándolo, es la muestra más contundente de la ambición de algunos sectores de la humanidad, capaces de sostener una oración frente al horror de la muerte de un elefante por una pieza religiosa.
En África, los traficantes se aprovechan de la miseria en que viven millones de pobladores y les pagan centavos por los colmillos que luego revenden a Asia, Tailandia y China, por ejemplo, los talladores hacen figurillas y las venden mayormente al extranjero, Europa y Norteamérica o son compradas in situ por los turistas.
Pretenden engañar a la policía aeroportuaria diciendo que son imitaciones del material original, que es plástico o yeso...
La caza, sea mayor o menor, NO debería ser considerada un deporte: deporte es salud, vida, alegría, bienestar, regocijo, placer, distensión, amistad, fraternidad.
Deporte no es asesinar al otro; nos espantamos hoy con el antiguo circo romano, pero se sigue sosteniendo a la caza como un deporte de alcurnia; como dijo hoy en TV un encumbrado cazador tucumano, dueño de una estancia donde se practica la caza: "... no sólo el placer de matar ..."
Recuerdo, en plena época de la dictadura, exactamente en el año 1982, mi profesora de Historia II del secundario, había hecho un viaje a África. Contó entre otras anécdotas que vio cómo José Alfredo Martínez de Hoz, quien por aquel entonces ya había destruido al país y había dejado de ser Ministro de Economía, asesinaba un león en Sudáfrica. Ella nos dijo, que le "pusieron" un león enfrente y le dieron un rifle para que dispare y desde ya, mató al pobre león por el sólo hecho del placer que le daba matar.. Luego agregó, que la caza no es deporte. ¡Osada la profesora que habló en contra de Martínez de Hoz y la caza en tiempos de genocidio!
Los elefantes, al igual que nosotros, viven en sociedades complejas, con sus reglas, deberes y derechos. Son sociedades matriarcales defensoras de sus clanes; si son atacados, atacan, como cualquier animal porque se defienden, también nosotros nos defendemos cuando nos atacan..
¡No compres marfil, dejalos vivir!
Un enlace que te puede ayudar a comprender poqué no debemos seguir avalando la caza de elefantes:



